sábado, 4 de noviembre de 2017

Cortés, pacificador católico

Cortés, pacificador católico; ponencia sobre el papel desempeñado por Hernán Cortés en la conquista e incorporación de los territorios y poblaciones americanos a la Monarquía Hispánica, a cargo de Iván Vélez en las Jornadas en homenaje al Cardenal Cisneros por Iván Vélez. Estas Jornadas han sido organizadas por la asociación estudiantil Complutense Comunera, y tuvieron lugar en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense.

La Redacción Abierta de la tarde | 02-11-2017

lunes, 30 de octubre de 2017

Emilia Pardo Bazán más allá del feminismo

Artículo publicado el 29 de octubre de 2017 en El Asterisco:
Emilia Pardo Bazán más allá del feminismo
El pasado sábado 16 de septiembre, coincidiendo con el 166 aniversario de su nacimiento, Google homenajeaba a la escritora española Emilia Pardo Bazán (1851-1921) ilustrando con su imagen su logotipo. Tal circunstancia motivó que los principales medios de comunicación dedicaran algún espacio a la autora de Los pazos de Ulloa. Como nota dominante, las semblanzas publicadas encarecían su labor en defensa de los derechos de la mujer, así como el papel que jugó en la introducción del Naturalismo en España. Parece claro que la elección de su figura por Google responde a su militante feminismo, cultivado, por ejemplo, en la serie «La mujer española», publicada en la revista La España Moderna. Un feminismo compatible con su cercanía al krausismo que tanta importancia ideológica tuvo ulteriormente. No en vano fue Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, quien publicó a doña Emilia el poemario Jaime, dedicado a su primogénito, habido en su precoz e inestable matrimonio con José Quiroga.
Sin embargo, en las páginas aparecidas en la prensa se echó en falta la alusión a uno de los hitos más relevantes de la obra de la Condesa: ser la pionera en el uso, en un sentido historiográfico, de la expresión «leyenda negra». En efecto, fue Emilia Pardo Bazán la primera que, probablemente tomándolo prestado del idioma francés que dominaba, empleó tal rótulo en el sentido indicado. Y lo hizo concretamente el 18 de abril de 1899 en la Sala Charras de París, al ser invitada por la Sociedad de Conferencias, que de este modo cedía por primera vez la palabra a una mujer. En la capital francesa pronunció la coruñesa una conferencia titulada, «La España de ayer y la de hoy. (La muerte de una leyenda)», que suponía una reflexión crítica sobre una España que acababa de perder Cuba frente a una nación emergente que, sin un pasado glorioso al que apelar, enviaba al frente a los hijos de sus más distinguidas familias. Las palabras de la escritora causaron un gran impacto en la prensa de la época, publicándose rápidamente en Madrid en forma de libro en edición bilingüe.
Aunque muchos españoles habían combatido la propagada hispanófoba desde hacía siglos, destacando entre ellos el padre Feijoo, admirado hasta tal punto por la Pardo Bazán como para nombrar a su revista Nuevo Teatro Crítico, probablemente el mayor acierto del discurso pronunciado en su intervención parisina fue contraponer la leyenda negra -«La leyenda negra española es un espantajo para uso de los que especialmente cultivan nuestra entera decadencia»- a lo que definió como su reverso, la autocomplaciente y perniciosa leyenda dorada, es decir, y según sus palabras: «la apoteosis del pasado». Pese a su singularidad, acrecentada por el hecho de celebrarse tras la pérdida de las últimas provincias de ultramar, la conferencia venía a dar continuidad a su labor ensayística, que tenía en la Historia de España, especialmente la vinculada a Hispanoamérica, uno de sus principales focos de atención. Prueba de ello es el hecho de que la coruñesa ya había participado en los actos conmemorativos del IV Centenario del Descubrimiento de América, y había mostrado un constante interés en figuras como el hoy denostado Colón, a quien le dedicó, en el Ateneo de Madrid en cuya galería de retratos permanece su imagen, la conferencia «Colón y los franciscanos». Una inquietud por la cuestión americana, concretamente por la Conquista, que nunca decayó, como puede verificar el lector si acude a la hemeroteca de ABC. En las páginas del diario madrileño, doña Emilia, ávida lectora de Bernal Díaz del Castillo, publicó numerosos artículos con títulos tan elocuentes como «Hernán Cortés y sus hazañas» (viernes 13 de mayo de 1914), en el que refutó incluso el popular mito de la quema de las naves, recurriendo de nuevo al uso del vocablo leyenda:
«En esta historia, tan prodigiosa de suyo, de la conquista de Nueva España, se han ingerido fábulas, innecesarias por completo, pues sobra la verdad para el  asombro. La leyenda es bella; la fábula, no, porque dándole su nombre propio, se reduce a mentira. Una de estas fábulas es la que presenta a Cortés, tea en mano, quemando sus naves.»
A más de un siglo de distancia de aquella conferencia, la leyenda negra constituye un subgénero historiográfico por el que han transitado autores españoles como Blasco Ibáñez, Julián Juderías o, recientemente, Elvira Roca Barea, pero también por extranjeros como Powell, Carbia, Arnoldsson, Joseph Perez o Payne, imantados por tan potente como persistente excepcionalidad. Asumida por amplias áreas del orbe hispano, cultivada a ambos lados del Atlántico, la leyenda negra, máxime en estos tiempos de iconoclasia antihispana y anticatólica, desaparece incluso, acaso por entenderse como pars pudenda, de las notas biográficas de tan poderosa escritora, solo admisible dentro de los márgenes del canon ideológico dominante gracias a su lucha en uno de los frentes más beligerantes y transversales de la actualidad: el del feminismo. 

domingo, 22 de octubre de 2017

El 155. Comentario a vuelapluma

Artículo publicado el sábado 21 de octubre de 2017 en el Blog de Carmen Álvarez Vela:
https://carmenalvarezvela.wordpress.com/2017/10/21/el-155-comentario-a-vuelapluma-por-ivan-velez-ivanvelez72/
El 155. Comentario a vuelapluma
Desmintiendo la más habitual crítica lanzada sobre su acción de Gobierno, esa pereza que en las caricaturas viene acompañada de un sofá y un puro, Rajoy anunció las primeras medidas ligadas a la aplicación del célebre e impreciso Artículo 155 de la Constitución: la destitución del Gobierno de la Generalidad y la convocatoria de elecciones en Cataluña en un plazo máximo de seis meses. Sin embargo, la aplicación de tal artículo, infinitas veces invocado y nunca puesto en marcha, desdice en gran medida el famoso juicio arrojado sobre el pontevedrés. Acaso, y siempre en función de ex post factum que acompaña al análisis de toda decisión política, máxime en situaciones tan delicadas como las que vive la Nación, la tan cacareada pereza deba ser cambiada por otra adjetivación. De vencer el pulso, Rajoy no sería un holgazán, sino un gobernante prudente, virtud máxima que debe acompañar a quienes toman tienen responsabilidades ejecutivas. Sólo el tiempo, y los resultados, dirán de qué lado cae el juicio, histórico, sobre el gobierno de Rajoy.
Sin embargo, y antes de que se produzca el previsible contraataque de las sectas catalanistas, las arrellanadas en escaños, pero también las que toman las calles bajo coartadas culturales, e incluso las que se han infiltrado, hasta dominar tales áreas, en la policía regional y en los muchos medios de comunicación subvencionados para garantizar la adhesión antiespañola, cabe preguntarse por el alcance de las medidas anunciadas, así como pensar en el papel que han jugado, y pueden jugar, los partidos, PSOE y Ciudadanos, que han apoyado al Gobierno en tan delicada decisión.
Como es sabido, tanto Ciudadanos, convertido en los últimos días en quien más ha exhortado al Gobierno a tomar tal decisión, como el PSOE, eran reticentes a la puesta en marcha de las medidas anunciadas. Ambos, refinados productos de la España configurada dentro de los calculados márgenes de la Constitución de 1978, mostraron en el inicio grandes cautelas en relación a rozar siquiera el sagrado autogobierno catalán, fórmula bajo la cual ha operado una deslealtad cuyo exhibicionismo ha llegado a ser insoportable. Atraer a su causa a tales partidos fue una labor paciente que el Gobierno hubo de emprender, y que finalmente alcanzó tras, según se ha sabido, la promesa de unas elecciones en Cataluña que dicen mucho del oportunismo en que se mueven ambos partidos, a los cuales, no obstante, ha de reconocérsele el gesto responsable de no echarse al monte autonómico y terminar militando en las filas. El nuevo tiempo que ahora se abre, parece reforzar a Ciudadanos, pero está por ver cómo afecta a un PSOE sanchista tan dependiente de un PSC tornadizo cuya estructura interna puede resquebrajarse.
Mientras se despejan estas incógnitas, más allá de las escaramuzas partitocráticas, con las calles tomadas por las organizaciones parapolíticas que han servido como plataformas para que elementos tan fanatizados como la señora Forcadell sienten sus reales en los más distinguidos hemiciclos, apenas dos horas nos separan de la respuesta de Puigdemont al anuncio del Gobierno. Por ello, y en una situación tan vertiginosamente cambiante como la actual, tan sólo cabe esbozar un mero comentario, al modo de un apresurado arbitrista trasladado al siglo XXI, en relación a la puesta en marcha de unas medidas nunca aplicadas.

En este sentido, y pues entendemos que los males que padece Cataluña, hoy amenazada por una serie de facciosos que pretenden hurtar una parte del territorio nacional al resto de sus compatriotas, son el producto de las políticas catalanistas toleradas e incluso financiadas por los sucesivos inquilinos de La Moncloa, consideramos que las acciones deben no sólo ser profundas y firmes, sino también continuadas en el tiempo. Más allá de detener el que ha sido unánimemente calificado como golpe de Estado, la crisis actual, que puede entenderse como una oportunidad de regeneración nacional, debería servir para algo más que para neutralizar a los criminales. En tal sentido, tal nos parece, la medida de más profundo y prolongado calado que debiera tomar un Gobierno cuyo horizonte se sitúe más allá de la siguiente cita con las urnas, debiera ser la intervención en un sistema educativo capaz de hacer hablar a sus más iluminados propagandistas en nombre de un «pueblo catalán» que no es sino pueblo catalanista cuyos objetivos depredadores son incompatibles con la existencia de la Nación española.

lunes, 16 de octubre de 2017

Aires de sacristía para el golpismo catalanista

Artículo publicado el 15 de octubre de 2017 en El Asterisco:
https://www.elasterisco.es/aires-de-sacristia/
Aires de sacristía para el golpismo catalanista
Pese a la discreción con que se celebró, la reunión que el presidente del Gobierno mantuvo en La Moncloa con el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, y el de Madrid, Carlos Osoro, trascendió a los medios, añadiendo una nueva coloración a la crisis nacional que tiene por protagonista a la región catalana. La reunión, solicitada por Mariano Rajoy, se sumaba a las mantenidas por Junqueras con el propio Omella y con el abad de Montserrat, y sintonizaba con el comunicado de la posconciliar Conferencia Episcopal Española en el que esta pedía diálogo. A estos hechos hemos de añadir que en la misa de la Merced, el arzobispo de Barcelona pidió seny a Puigdemont y al delegado del Gobierno, Enric Millo, presentes en la homilía. Por cerrar este moroso repaso de datos, hemos de citar la declaración conjunta de más de 400 sacerdotes, diáconos y religiosos catalanes favorables a la autodeterminación, los mismos que pidieron al papa Francisco su intercesión con el Gobierno español para que este autorizara un referéndum de independencia que, sépanlo o no sus más ardorosos defensores, presupone la soberanía de Cataluña. No podemos concluir este párrafo sin mencionar los aromas secesionistas emanados de Montserrat o el espectáculo del conteo de papeletas en el altar de la iglesia de Vila-rodona en presencia de su clérigo titular debidamente estolado.
En definitiva, la vieja conexión entre Iglesia y secesionismo catalán aparece de nuevo en escena. Un maridaje que viene de antiguo, pero del que nos interesa señalar algunas líneas concretas relacionadas con la actualidad política española. En definitiva, lo que tratamos de subrayar es la pervivencia de una ligazón, la de la Iglesia y el Estado español, que a lo largo del último medio siglo ha ido transformando a ambas partes, pasando del llamado nacionalcatolicismo con el que muchos siguen refiriéndose al franquismo, a una democracia cimentada en un Estado de Autonomías, pero también de nacionalidades, que en Cataluña puede dar paso a la secesión de tal territorio, efecto que de algún modo está implícito en la venerada Constitución de 1978. En este proceso de transformación nacional, la Iglesia, especialmente en su dimensión regional, conviene subrayarlo, jugó un importante papel, como pudo comprobarse en la campaña xenófoba que se desplegó bajo el lema Volem bisbes catalans!. En ella participaron dos distinguidas figuras del catalanismo como Josep Benet y Jordi Pujol, personajes en los cuales concurren algunas líneas de lo que hemos dado en llamar, por contraste con el manido nacionalcatolicismo, federalcatolicismo, impulsado por una determinada oposición al franquismo de fondo inequívocamente anticomunista.
Del primero de nuestros hombres cabe destacar su formación religiosa, primero en la Escolanía de Montserrat, y luego en la atmósfera jesuítica de la Academia Ramón Llull, antes de integrarse en la Federación de Jóvenes Cristianos e ir pasando por el Frente Universitario de Cataluña, las juventudes de Acción Católica, y entrar finalmente en contacto con el presidente de Jóvenes Cristianos de Cataluña. Nada menos que Félix Millet y Maristany, padre del célebre expoliador del Palacio de la Música, y creador en 1961 de Omnium Cultural, hoy convertido en callejero brazo ejecutor de la agitación golpista bajo el mando del arriscado Jordi Cuixart.
En tan piadosos ambientes fue fortaleciéndose en los años 60, con el impulso económico del norteamericano Congreso por la Libertad de la Cultura, un amplio colectivo de hombres de letras, y en su amplia mayoría de acendrada fe católica, cuyo objetivo era la transformación de la España franquista en una nación federal que ni siquiera colmaba las más exaltadas ansias de don Josep quien, en pleno éxtasis catalanista, durante el Encuentro Cataluña-Castilla, con la masía de La Ametlla del Vallés, propiedad en Millet, como escenario, anticipó algunos de los lugares comunes que hoy hacen las delicias de la CUP o Podemos: «Nuestro país [Cataluña] otra vez en su historia ha sufrido una ocupación total», hecho al que unía esta rotunda afirmación: «Si no vemos que España es un Estado plurinacional, nos engañaremos».
Ríos de tinta se han escrito sobre Jordi Pujol y su sagrada familia. No obstante, sin soltar la mano de Benet, este nos conducirá a él, concretamente a la reunión que en 1966, y de nuevo en la masía de Félix Millet, contó con un Pujol ya pertrechado de una potente y turbia herramienta financiera, Banca Catalana. La cumbre sirvió para articular un frente ideológicamente transversal con un denominador común: su catalanismo, y sirvió como antesala de las iniciativas políticas que hoy han conseguido dominar las instituciones catalanas y crear una amplísima red clientelar. Con Tarradellas al tanto de lo que allí discutía, así lo narró un Manuel Sacristán embozado bajo un pseudónimo, hombres de la política, la banca, pero también de la industria, entre ellos el señor Carulla, fundador de Gallina Blanca, sentaron las bases de muchas de las estrategias que hoy reclaman el bendito rocío del hisopo.

El final de la historia, o al menos de los convulsos episodios a los que asistimos estos días, es conocido. Bajo los dictados de Pujol, hábil conseguir en Madrid, la sociedad catalana, nutrida por oleadas de nuevos jóvenes educados en una inmersión que recuerda fórmulas bautismales, ha dejado atrás la fórmula sesentera de las «comunidades diferenciadas» que tanto recuerdan al famoso hecho diferencial que ha servido como coartada para la discriminación de lo común y la exacerbación en diversas regiones españolas de los más aldeanos particularismos. Lanzada hacia la secesión, Cataluña, fiel a su tradición, no renuncia a agarrarse a vestiduras talares tan distinguidas como las del negrolegendario jesuita Mario Bergoglio, constructor de puentes metafísicos, pero también políticos.